Lo que resulta de un limón y una pitaya no habría sido algo en lo que yo pensara si hoy, una amiga un poco desquiciada que tengo, no me contara que el otro día le preguntó a su… francés… que dónde vendían de esas aguas de limón y de pitaya; el francés le contestó que era un secreto que sólo le diría si le susurraba cosas al oído… pero en español porque era más «exótico”.
Y, en francés o en español, lo que tiene el limón es un sabor que aprieta… pero lo que tiene la pitaya es que no sabe a nada, a no ser que le pongas un poco de azúcar.
Así creo que soy yo.
Mi psiquiatra dice que tengo un manejo del lenguaje muy peculiar y que soy muy lista… la próxima vez le diré que además de lista, desequilibrada y loca, tengo un poco de limón y un poco de pitaya.
Julio 2007.